La Carota

Espacio urbano

La plaza de La Carota, tal como aparece en Google

La plaza conocida por este nombre está situada entre plaza de Catalunya y calle Pintor Fortuny. Su nombre hace referencia a la configuración que le da el mobiliario con que se ha dotado ese espacio. Se trata de una cara de payaso que está formada por: la boca sonriente, es un asiento curvado de color rojo; los ojos son asientos circulares de color azul claro, con sendas farolas de color negro en el centro a modo de pupilas. 

La nariz era, (en este caso hay que hablar en pasado), un tobogán creo recordar de color rojo. Completaba la imagen una lágrima que resbalaba por la mejilla izquierda, (aunque también podría ser una peca), representada por una pequeña fuente que también desapareció hace tiempo.

Y todo ello enmarcado por dos tubos de hierro curvados y pintados de amarillo que, anclados al pavimento, marcan los lados de la cara.

La cara de payaso fue la idea ganadora en un concurso infantil para vestir este espacio, presentada por un niño de La Llagosta.

El resultado fue una singular y simpática plaza que nos recuerda esa figura tan querida y entrañable para niños y adultos que es el payaso.

Vista actual de la plaza de La Carota

 Lamentablemente, como ya hemos mencionado, parte del mobiliario que la componía ha desaparecido o ha sido sustituido por otras piezas que poco o nada tienen que ver con el original.

Así, la fuente que representaba una lágrima en la mejilla izquierda hace tiempo que desapareció y el tobogán de la nariz ha sido sustituido por un gran parterre con un árbol, que ni tiene forma de nariz ni ha sido colocado en el lugar que correspondería a la misma.

Hay que recordar que, en este caso, cada pieza del mobiliario urbano es a su vez parte de la cara del payaso, de tal manera, que la eliminación o sustitución de todo o parte del mismo, afecta a la imagen del conjunto, que deja de ser una cara para ser otra cosa.

Y eso es lo que ya ha pasado: con cada elemento de su mobiliario eliminado o sustituido, La Carota ha ido perdiendo parte de su identidad hasta transformarse en algo distinto que cada vez se parece menos a una cara de payaso y más a un espacio desordenado en proceso de desmantelamiento.            

Lugar que ocupaba la fuente (lágrima).

Sin embargo, lo que no ha perdido La Carota y debería perder, son los tubos laterales de unos 10 metros de largo cada uno, que levantan unos 10 ó 12 cms sobre el suelo. Son un obstáculo innecesario y constituyen un peligro potencial para cualquier persona que cruce la plaza en actitud distraída, riesgo que el uso de los móviles ha incrementado notablemente. 

Uno de los tubos laterales que es mejor evitar.

 Salvar el obstáculo de los tubos evitando un accidente, exige una atención que convierte esta plaza en incómoda para su uso cotidiano, sobre todo para personas con movilidad reducida.                                                                    

Estos hierros que en su momento seguramente tenían sentido, hoy son perfectamente prescindibles y pueden ser sustituidos con cierta facilidad y a un bajo coste por otro material que, haciendo la misma función, no represente peligro alguno para los peatones usuarios de la plaza.

 Peatones cruzando por encima de los hierros. Un riesgo que es mejor evitar.

Una solución fácil y económica podría ser:

1º Se marca el perfil de los tubos en el suelo.

2º Se retiran los tubos.

3º Se corta con una radial el perfil de los tubos marcado en el suelo y se extrae el material.

4º Se rellenan y nivelan ambos huecos con material de suelo de textura y color adecuado para que conserve su estética. 

Esta solución concuerda con el tratamiento de la melena, que está formada por baldosas de diferente tonalidad que tal vez convendría sustituir por otras de colores más vivos, pues con el paso del tiempo han perdido su color original.

A diferencia de los tubos, que necesitan una pintura periódica para conservar su estética y color, esta solución apenas necesita mantenimiento.

Por otro lado, se debería volver a instalar el tobogán y la fuente para devolver a la plaza su imagen original. En el caso de la fuente, cuya restitución puede ser algo más complicada, se puede sustituir por una lágrima hecha con material de color y textura adecuados, incrustada en el suelo en el mismo lugar.

También debería colocarse alguna placa con el nombre de la plaza para identificar el lugar pues, aunque en la misma no existe ningún portal, es utilizada a diario como lugar de paso por muchas personas de La Llagosta. 

La Carota es una plaza singular y simpática, fruto de la participación ciudadana, que además tiene el valor añadido de ser idea de un niño, motivos más que suficientes para cuidarla y conservarla.

Por último, nos quedaría por resolver el tema de los residuos generados, básicamente dos grandes tubos de hierro.  Partiendo de la base de que el mejor residuo es el que no se genera, pensamos que la mejor solución sería buscarles un nuevo uso.

Por ejemplo, construyendo con los mismos un sencillo monumento a la diversidad, símbolo y esencia de nuestro pueblo.

El pueblo de La Llagosta está formado por dos grandes grupos de personas: las personas nacidas en La Llagosta y las personas nacidas en cualquier otro lugar, pero que hoy también son parte de nuestro pueblo.

Y todos, acogedores y acogidos convivimos de forma ejemplar y formamos parte de esta maravillosa diversidad de La Llagosta.

Igual que el pueblo de La Llagosta, el monumento estaría formado por dos pilares (cada uno de los tubos) que, partiendo de distintos puntos, se elevarían hasta encontrarse y unir sus fuerzas como un único pueblo.

Después los pilares se separan sin dejar de estar unidos, como también los llagostenses conservan su propia identidad sin dejar de ser un solo pueblo.

Sería fantástico que este monumento se convirtiera en el símbolo de nuestro pueblo, como ejemplo de convivencia y respeto a su propia diversidad.

El emplazamiento puede ser cualquier lugar elegido por el pueblo: una rotonda, Can Baqué, el Parque Popular…

 

 
 

 

 

Así podría ser el monumento a la identidad del pueblo de La Llagosta.

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